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Maastricht
¿Has caminado por el ambiente relajado de sus estrechas calles? ¿O escuchado la animada charla al aire libre en los cafés; o capturado los deliciosos aromas provenientes de los restaurantes de la ciudad? ¿Has viajado en barco a través del brillante río Maas para visitar las misteriosas cuevas? Todo esto y más es posible en Maastricht, una encantadora y animada ciudad de los Países Bajos.
Maastricht, situada a ambos lados del río Maas - Mosa en francés -, en la parte sur oriental de los Países Bajos, es posiblemente la más antigua del país. La ciudad sorprende a los visitantes con sus siglos de antigüedad, viejas murallas, basílicas y calles laberínticas entrelazadas a lo largo de todos los bancos del río Maas.
La belleza de Maastricht radica en sus antiguos monumentos mezclados dentro de una moderna y cosmopolita metrópoli. Aquí se puede casi palpar la historia que la rodea, encontrando a cada paso vestigios del florecimiento y la caída de las muchas civilizaciones que se desarrollaron, desde los celtas y los romanos hasta la población actual.
Mi primera parada en esta increíble ciudad fue en el Amrâth Grand Hotel de l’Empereur, un hotel que data del año 1902, por lo que ha sido declarado Monumento Nacional, y que además está en el centro de la ciudad, cerca de todas las atracciones y paseos. Este encantador hotel fusiona a la perfección la belleza tradicional clásica con el confort moderno; sin olvidar la buena y cálida hospitalidad de antaño, que se pueden apreciar en la atención del personal, las espaciosas habitaciones y sus lujosos salones de fiestas.
El lugar que primero llamó mi atención fue el río Maas, donde subí a un barco para realizar un paseo por las famosas Cuevas San Pietersberg, creadas por mineros para extraer la piedra llamada Marl. Mientras navegábamos, las iglesias, villas de encanto, extenso paisaje, edificios y otras estructuras notables de la ciudad a ambos lados del río me dejaron boquiabierta.
Decidida a descubrir el patrimonio de Maastrict dediqué todo un día a dar un paseo por el casco antiguo de la ciudad, donde las estructuras históricas, iglesias, calles empedradas, edificios ornamentales y la muralla de la ciudad son testigos mudos de su larga historia. Las boutiques y restaurantes a lo largo de las estrechas calles se hallaban atestadas de turistas y gente paseando; fue una suerte llegar al medio de la ciudad vieja, donde hay un parque que ofrece una espléndida vista de la muralla de la ciudad, así como un respiro de las multitudes.
Onze Lieve Vrouwebasiliek – la Basílica de la Virgen María - es una de las estructuras que domina el casco antiguo, y su interior está ricamente decorado con tapices, vidrios coloreados, figuras de plata y esculturas que representan personajes bíblicos. Siguiendo mi recorrido, llegué a la plaza del mercado o la Plaza Vrijthof. Además de la animada actividad comercial, las atracciones principales aquí son la Casa de Guardia, la Catedral de St Johns y la Basílica de San Servatius.
En lo que se refiere a la gastronomía, como la ciudad tiene conexiones con Bélgica, Alemania, Luxemburgo y la parte noreste de Francia, la cocina se ve influida por todos los sabores y especialidades de dichos países. Al desayuno o simplemente cuando sientas deseos de probar algo deliciosos, ve a Limburgse vlaai, una gran pastelería local.
Un increíble restaurante es el Beluga, en Plein 1992, que con sus dos estrellas Michelin ofrece una cocina de estilo francés en un ambiente elegante y de diseño. Si tienes oportunidad de visitarlo, pide su lenguado cocido ligeramente al vapor con langostinos a la plancha y patatas à la tsarine, rellenas de caviar y espárragos a la mantequilla, y bañadas con salsa de nata agria y pimienta negra. Simplemente espectacular.
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